Bienvenido al antiguo continente de Elyssia, donde sobrevivir ya es un logro y comprender el pasado es una condena. Este rincón del mundo ha aguantado guerras, cataclismos, traiciones institucionales y cenas familiares tensas. El antiguo continente es un lugar que ha ido sobreviviendo a diferentes amenazas en el transcurso de su historia. Los reinos actuales se erigen sobre historias que casi nadie recuerda —y quienes las recuerdan suelen estar enterrados o enloquecidos, cimentando su gobierno tras una historia desconocida, o conocida por unos pocos. Solo su historia reciente posee escritura recogida, mientras que la más antigua ha sido olvidada o salvaguarda gracias a la tradición oral (la única parte documentada de su historia empieza más o menos cuando todo ya se había ido al carajo).
En el viejo continente, las creencias y las supersticiones han ido haciendo mella con el paso del tiempo. Estas se convirtieron en religión; la religión, en política; y la política, en miedo armado. La magia fue desterrada a las esquinas polvorientas del mundo obligando a sus usuarios a vivir en el ostracismo. Su lugar fue ocupado por la alquimia, una ciencia respetada porque tiene resultados tangibles, explosivos, y fáciles de empaquetar. En Elyssia, si no sabes hacer una poción, una bomba o un afrodisíaco con efectos colaterales, probablemente acabes siendo uno de sus ingredientes.
En estas tierras, tarde o temprano, cualquiera aprende a convertirse en un alquimista si desea sobrevivir. Magos y hechiceros luchan en una guerra fría contra inquisidores que disfrutan demasiado de su trabajo, mientras los refugios ocultos de los magos están siendo atacados por una tercera entidad oculta; una tercera fuerza —anónima, elegante y letal— que ha comenzado a cazar a ambos bandos. ¿La buena noticia? Eso significa que hay más cadáveres frescos. ¿La mala? A veces, no quedan ni los cadáveres. Mientras, los alquimistas construyen sus colegios y laboratorios de investigación para conseguir y preservar más conocimiento y poder.
Los principales reinos han ido observando como en los pueblos y ciudades la criminalidad ha ido desapareciendo, como si los ladrones y criminales se hubiesen ido a otro lugar. El crimen organizado ha aprendido a sonreír educadamente. El Mercado Negro se ha vuelto cauteloso, con refugios en casi todos los pueblos y ciudades, se ha estado volviendo más cauteloso con quien hace negocios. Extraños y preocupantes rumores avanzan desde el sur, y excéntricos profetas adornan las plazas de las aldeas augurando el despertar de un antiguo mal.